
Sabemos que la vibración de una cuerda tensa produce una serie de sonidos armónicos y sobretonos que, en unión de otros importantes factores,
definirán el timbre de un instrumento musical.
En primer lugar, según el lugar y modo de excitación de la cuerda (arco o punteo) se eliminarán o acentuarán algunos armónicos produciéndose una
primera aproximación al sonido característico del instrumento.
En segundo lugar, la caja armónica o cuerpo de resonancia (cavidad y tapa), "procesará" el compuesto sonoro producido por la cuerda.
Si el cuerpo de resonancia pertenece a un instrumento de gran clase, los armónicos resultantes serán los adecuados para obtener un bello sonido.
Si, por el contrario, el cuerpo de resonancia pertenece a un instrumento de mala calidad, el sonido resultante, aún siendo reconocido por
el oído como perteneciente a determinado instrumento, no tendrá las excelentes cualidades acústicas del primer modelo.
También, podemos eliminar el cuerpo de resonancia del violin, por ejemplo, relegando el procesamiento acústico a la circuitería electrónica y no a la madera
obteniéndose un sonido distinto, algo más neutro y duro, quizá inadecuado para música clásica, pero muy eficaz en otros muchos tipos
de música. Así, también, sucede con la guitarra clásica y la eléctrica.
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